lunes, 30 de noviembre de 2009

ladino

Los judíos sefardíes, especialmente en Turquía, Grecia y algunas comunidades de Jerusalén y la península balcánica, hablan una lengua propia, heredada en parte de aquellos judíos que salieron de España en 1492 y ya completamente conformada, durante los últimos quinientos años, por los rabinos y eruditos descendientes de judíos españoles establecidos en otros países. Esta lengua se llama Ladino, aunque también se la conoce como Djudezmo, espanyolit o Djuidio.

La palabra Ladino, antes que una nominación que se hace de una lengua, quiere decir traducido. Ladino viene del verbo enladinar, traducir, y tiene su origen en los trabajos hechos por los judíos, moros y cristianos que trabajaban en las escuelas de Traducción de Toledo, en los tiempos de Alfonso X, el sabio. Al traducir los clásicos del hebreo, el griego y el árabe a la lengua local de entonces, los enladinizaban. Se dice que fueron los judíos los primeros en llevar a la lengua castellana los clásicos literarios y científicos antiguos. Esto les valió de muchas criticas porque vulgarizaban los textos clásicos al traducirlos a una lengua inferior (la popular) y no a una superior, el Latín, adecuada para expresar nociones complejas.

Ladino quiere decir, entonces, traducido a la lengua del pueblo (en el caso de los judíos sefardíes, de la comunidad), que es incluyente y de uso diario. Y que remite a una historia común y a un inconsciente colectivo de fácil significación y entendimiento, algo muy importante para la comunidad hebrea donde el individuo no existe sino el colectivo. No hay un judío sino unos judíos que se unen no sólo a través de tradiciones, creencias y liturgias sino mediante una lengua común, elemento básico de comunicación.